No existe la zona de confort

La zona de confort es simplemente tu “zona de control de tus miedos”, o sea, una vida diseñada para huir de lo que temes, un castillo con muros lo suficientemente gruesos como para que no entre nadie a “activar” tus temores, evitando retos que te estresen y te desequilibren, una vida constreñida donde nada puede entrar a tocar tus límites internos y hacerte sentirte pequeño, débil, frágil e inseguro.

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Entendiendo mi cerebro emocional

El llamado “cerebro límbico”, por debajo del Córtex cerebral (la parte más moderna y humana), es común en todos los mamíferos y nos ha servido, evolutivamente, para amplificar el impulso instintivo de supervivencia y reproducción, haciendo más sofisticada nuestra capacidad de luchar, cazar y relacionarnos.

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Un cerebro cristalizado que envejece

El actual paradigma neurocientífico es la evidencia de que nuestro cerebro constantemente se está modificando a sí mismo. Cada memoria, cada nueva conducta, cada aprendizaje usan una combinación de neuroredes diferentes y fortalecen o debilitan las conexiones entre las diferentes neuronas que las componen.

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Desprogramando la amígdala cerebral

Nuestras amígdalas son el núcleo del cerebro límbico,
encargado de detectar amenazas y activar el eje del estrés
(lucha o huida) desde el hipotálamo. Por su lado, tiene inervaciones top/down, donde las más rápidas, como siempre, son las down para la activación de los mecanismos de acción, pero también tiene acceso al
córtex prefrontal, para tomar decisiones acerca de la acción
a ejecutar.

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